¿Un mes de gracia? Trump Vs. México

En un mes entrarían en vigor los aranceles que Trump quiere imponer a las exportaciones de México. Pero parece que este periodo de gracia le tiene muy sin cuidado… ¿qué hacer ante un interlocutor como Trump?

Por Ana Lilia Moreno (@analiliamoreno) | Programa de Regulación y Competencia
Publicado en: Animal Político

El 1° de febrero, el presidente Donald Trump firmó un decreto para imponer un arancel del 25% a todas las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos (EE. UU.). Según el mandatario, esta medida busca incentivar la relocalización de empresas en territorio estadounidense y evitar lo que él ha calificado como “prácticas comerciales desleales”. 

Nos encontramos en el supuesto mes de gracia antes de la entrada en vigor de esas tarifas, que fue negociado por el Gobierno mexicano. Pero Trump ha emitido un nuevo decreto que impone aranceles al aluminio y al acero en todas las importaciones de todos los países, incluyendo a México. Por si esto fuera poco, ha amenazado con imponer más aranceles a los autos producidos en nuestro país. 

Parece que el periodo de gracia le tiene muy sin cuidado… ¿qué hacer ante un interlocutor como Trump?

Lo que Trump desdeña 

México y Estados Unidos mantienen una relación comercial profundamente integrada, que va más allá de la simple compraventa de productos. Se trata de un ecosistema interdependiente que abarca procesos de manufactura, transferencia de conocimiento y tecnología, generación de empleos, comunicación, intercambio comercial, vínculos culturales y estrategia geopolítica. Esta sinergia no solo fortalece a ambos países, también refuerza la competitividad de Norteamérica frente a otros bloques comerciales del mundo, cuestión que Trump minimiza equivocadamente.

Nos encontramos ante una complicada relación asimétrica. Como lo expusimos desde México Evalúa, en 2024, el 83% de las exportaciones mexicanas tuvieron como destino EE. UU., mientras que sólo un tercio de las importaciones estadounidenses provinieron de México (15.5%) y Canadá (14.8%). Pese a esta realidad y la posición dominante de Estados Unidos, el presidente Trump adopta una visión contable del comercio exterior para justificar una interpretación negativa del déficit comercial como un perjuicio y un abuso hacia su país, que ve como empresa en una perspectiva reduccionista.

Lo que Trump desdeña es que debilitar la competitividad de la región frente a otros bloques económicos encarecería los productos manufacturados en América del Norte en perjuicio de la población de la región. 

Los sectores más afectados por los aranceles

La imposición de aranceles por parte de EE. UU., y una respuesta retaliatoria de México y Canadá podrían generar contracción en las economías de los tres países de Norteamérica, si bien en diferentes magnitudes, tal como ha señalado el Brookings Institute.

La industria automotriz instalada en México difícilmente se movería rápido hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, por los aranceles, se vería fuertemente afectada, ya que representa el 32% de las exportaciones mexicanas y corresponde a empresas mayormente americanas. 

Otro sector afectado sería el agroindustrial, que produce aguacate, tomate y cerveza, productos altamente consumidos en Estados Unidos que inevitablemente sufrirían aumentos de precio y afectarían no sólo a exportadores mexicanos —se calcula una disminución mínima de 12% en el corto plazo—, sino a los consumidores estadounidenses. Según el Peterson Institute for International Economics, la imposición de aranceles sobre importaciones de Canadá, México y China costarían a un hogar típico en EE. UU. más de 1,200 dólares estadounidenses al año.

Por otro lado, las bolsas de valores experimentarían reacciones negativas, especialmente por las empresas con mayor exposición al comercio internacional, que sufrirían una disminución en sus cotizaciones. 

Además, la reducción de la inversión extranjera directa (IED) se perfila como una consecuencia inmediata de esta incertidumbre, que afectaría sectores clave de la economía como el automotriz y el energético, ambos vitales para la generación de empleo y el crecimiento económico.

Otro impacto relevante de esta situación es el efecto sobre la deuda soberana y empresarial, particularmente en el caso del Gobierno y empresas con altas deudas en dólares, como Pemex. La depreciación del peso mexicano podría amortiguar parcialmente la pérdida de competitividad de los exportadores, pero incrementaría el costo de la deuda externa en dólares, lo que se traduce en mayores pagos e intereses. 

En el caso de Pemex, cuya deuda en moneda extranjera representa el 84.6% de su apalancamiento total, el fenómeno afectaría aún más su capacidad de pago y su estabilidad financiera. Adicionalmente, las empresas dependientes de exportaciones hacia Estados Unidos podrían verse obligadas a reducir operaciones, lo que tendría como consecuencia despidos masivos y contribuir a la desaceleración del crecimiento económico nacional.

La opción legal ante la crisis comercial

Ante la imposición de esas tarifas, México cuenta con varias alternativas para mitigar los daños económicos. Una de las opciones es la acción legal internacional, presentando una impugnación ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y dentro del marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aunque este proceso podría ser largo y acatar el fallo dependerá de la disposición de EE. UU., existen precedentes de disputas comerciales similares.

Un ejemplo de ello son los aranceles impuestos al acero y aluminio en marzo de 2018 por el mismo Donald Trump, que resultaron en negociaciones prolongadas y ajustes en las políticas arancelarias de su país. En esa ocasión, él firmó una orden ejecutiva imponiendo aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio, citando también razones de seguridad nacional bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962. México, junto con otros países afectados, protestó enérgicamente ante la decisión, considerando que la medida era una forma de proteccionismo comercial. En respuesta, el Gobierno mexicano comenzó a trabajar en acciones legales y diplomáticas para desafiar esas tarifas. 

En mayo de 2018, México impuso aranceles propios sobre productos estadounidenses en represalia, afectando a productos como acero, cervezas, manzanas y carne de cerdo, entre otros. La disputa terminó en 2019, cuando finalmente México, Canadá y la Unión Europea lograron negociar con EE. UU. la exención de esos impuestos, tras meses de presión y negociaciones. 

Cuando Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos en enero de 2021, heredó la controversia y buscó un enfoque más equilibrado, pero con algunas condiciones (como un sistema de cuotas para garantizar que no aumentara la importación de acero y aluminio a niveles que pudieran afectar a las industrias estadounidenses). Además, acordó fortalecer los mecanismos de vigilancia y cumplimiento para evitar prácticas comerciales desleales, privilegiando la vía diplomática y cooperativa.

Cómo desmoronar las políticas de Trump

Dani Rodrik, reconocido académico norteamericano, considera que, si bien las acciones de Trump generan inestabilidad, el verdadero impacto en la economía global dependerá de cómo responda México y los demás países amagados. Rodrik desafía la idea de imponer aranceles retaliatorios, pues perjudican más a la economía del país que los impone. Alternativamente, sugiere adoptar un enfoque mesurado, resistir la tentación de imitar las políticas de Trump y evitar daños económicos innecesarios. 

En otras palabras, la mejor estrategia es dejar que las políticas de Trump se desmoronen por sí solas y evitar una escalada de represalias ante una política agresiva de aranceles como la que profundizó en 1930 la Gran Depresión y desencadenó la Segunda Guerra Mundial. 

Además de la vía legal, México podría optar por una estrategia de negociación diplomática, buscando acuerdos bilaterales que permitan reducir o incluso eximir ciertos sectores estratégicos de los aranceles. Este enfoque permitiría que el Gobierno mexicano impulse una estrategia de incidencia enfocada en los beneficios de la integración comercial. Para ello será necesario construir alianzas con gobernadores, cámaras legislativas y empresariales, think tanks y universidades estadounidenses con el objetivo de articular una defensa constante del T-MEC no solo ante el presidente Trump, sino ante el Congreso de los EE. UU., los congresos locales, la opinión pública y la población de ambos países.

México también tiene mucho trabajo por delante para diversificar mercados de exportación y aprovechar los acuerdos comerciales que tiene celebrados con la Unión Europea, los países de Asía-Pacífico y América Latina, para buscar alternativas de exportación y nuevas oportunidades de inversión. 

Para que México logre un crecimiento económico sostenido, debe abordar pendientes como elevar la productividad, mejorar la calidad educativa, reconsiderar la reforma judicial que debilita la independencia y calidad de los jueces, impulsar un nuevo marco jurídico que garantice certeza en las reglas y piso parejo para la competencia, fortalecer el sistema eléctrico con participación pública y privada, y promover mayor responsabilidad social en empresas. Además, se debe garantizar la transparencia y la protección de datos personales para recuperar la confianza en las instituciones.

Una respuesta mesurada, inteligente y bien articulada del Gobierno, del sector privado y del sector social, será clave para mitigar el impacto y garantizar la estabilidad económica en el mediano y largo plazo… a pesar de Trump.