La austeridad que nunca fue: AMLO gastó como nunca e hipotecó a las futuras generaciones

López Obrador, falló en su “austeridad republicana”: el gasto público llegó a máximos históricos y se financió con un enorme déficit que dejó a cada mexicano con una deuda de 131 mil pesos.

Por Carlos Vázquez y Jorge Cano* 

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la llamada “austeridad republicana” se convirtió en una de sus banderas más visibles. Sin embargo, la realidad dista mucho del discurso. El gasto público llegó a máximos históricos, lo que financió con un gran déficit que dejó a cada mexicano con una deuda de 131 mil pesos. Al mismo tiempo, redujo los ahorros públicos en más de la mitad: 55.5%, cada ciudadano perdió en su gobierno 5,230 pesos. Aquí te contamos los resultados de la austeridad republicana que nunca fue. 

Austeridad selectiva

Con 9.5 billones de pesos de gasto público en su sexenio, el exmandatario no solo rompió récords, sino que, en gastar, superó con creces a sus predecesores. Solamente en 2024, el total ejercido, 27% del producto interno bruto (PIB), superó en casi cuatro puntos porcentuales al 23.1% registrado en el último año de Enrique Peña Nieto y en más de tres puntos al 23.7% con el que cerró la administración de Felipe Calderón en 2012. Este crecimiento sin precedentes en la proporción del gasto público compromete la estabilidad fiscal del país y deja una pesada carga en las futuras decisiones presupuestarias.

El análisis del gasto revela que la austeridad no fue para todos. Mientras que diversas dependencias sufrieron recortes, tres secretarías bajo el control directo del Ejecutivo federal experimentaron incrementos significativos: Bienestar, Energía y Turismo, lo que dejó en claro las prioridades de su Gobierno.

De estas dependencias, la Secretaría del Bienestar fue la más beneficiada, con un gasto de 522.8 mil millones de pesos (mmdp) al cierre de 2024, un incremento de 313.5% respecto a 2018. Este aumento se debe principalmente a las pensiones para adultos mayores. Por su parte, la Secretaría de Energía erogó 179.1 mmdp, un aumento de 2,255% frente al sexenio de Peña Nieto, con el 99% de ese incremento destinado a rescatar financieramente a Pemex. La Secretaría de Turismo, en tanto, gastó 136.3 mmdp, un alza de 964% respecto a 2018, debido a la construcción del Tren Maya.

En resumen, el sexenio de López Obrador priorizó sólo tres rubros: programas asistenciales, el salvamento de Pemex y megaproyectos de infraestructura. La supuesta austeridad fue, en realidad, una redistribución selectiva del gasto.

Hipotecando el futuro de los mexicanos 

Si bien un mayor gasto podría parecer positivo, la mala noticia es que se financió hipotecando el futuro de los mexicanos. AMLO prometió no endeudar al país y manejar responsablemente las finanzas públicas, pero al cierre de su sexenio, los números cuentan otra historia.

México cerró el sexenio con el mayor nivel de deuda pública jamás registrado por Hacienda: 17.4 billones de pesos, equivalentes al 51.4% del PIB. Es decir, el gobierno comprometió más de la mitad de todo lo que generó la economía en 2024. En comparación con el cierre de Peña Nieto en 2018, la deuda pública creció 23% (3.2 billones de pesos), impulsada por un incremento de 45.5% en préstamos internos.

Si dividimos el total de la deuda pública entre el total de la población mexicana, al cierre del sexenio de AMLO, puede decirse que cada mexicano debe 131,738 pesos. Esto es 17.5% (19,596  pesos) superior a lo que debíamos los habitantes del país al cierre del sexenio de Peña Nieto, cuando se debían 112,141 pesos per cápita.

La erosión de los ahorros públicos

A la par del crecimiento de la deuda, los ahorros del país en fideicomisos públicos se diluyeron, ya sea por decretos de extinción o por uso indiscriminado. Al cierre de 2024, estos ahorros gubernamentales habían caído un 53% en comparación con 2018, lo que equivale a una reducción de 632.6 mmdp. En términos per cápita, cada mexicano pasó de tener 9,420 pesos en fideicomisos públicos en 2018 a solo 4,190 pesos en 2024, perdiendo así 5,230 pesos.

Esta erosión de reservas afectó directamente sectores estratégicos como educación, infraestructura y salud, mientras que los fideicomisos militares aumentaron sus recursos. En otras palabras, los recursos se canalizaron hacia áreas alejadas del bienestar general de la población.

De los guardaditos que tenía el gobierno y que se fueron erosionando, el que más preocupa es la erosión de los recursos de 74.2% (93.1 mmdp) del Fondo de Salud para el Bienestar (Fonsabi) frente al saldo con que contaba al final del sexenio de Peña. Este fondo cubre padecimientos graves como distintos tipos de cáncer, enfermedades raras y tratamientos especializados, garantizando acceso a servicios médicos sin que el costo sea una barrera para los pacientes.

Durante el sexenio de AMLO, el Fonsabi dejó de operar como un fondo efectivo para atender estos padecimientos. Al cierre del sexenio, este fondo llega con un saldo de apenas 32.3 mmdp. Se trata del saldo más bajo que ha tenido en los últimos 17 años para costear enfermedades de alto costo.

Esta drástica reducción de recursos afectó directamente a la población: en 2024, el ahorro per cápita en el Fonsabi se desplomó a sólo 244 pesos por persona. Con estos fondos, ni siquiera alcanzaría para cubrir una prueba de Covid-19.

La austeridad que nunca fue

El sexenio de AMLO se convirtió en un ejercicio de contradicciones que anuló cualquier posibilidad de verdadera transformación. Prometió austeridad y gastó como nunca, aseguró no endeudar al país y dejó compromisos históricos, habló de un manejo responsable de las finanzas y casi agotó los ahorros públicos. Así, el discurso y la realidad se desdibujaron hasta perder todo sentido, lejos de representar una transformación real, terminó siendo un esfuerzo infructuoso.Lo preocupante es que las decisiones tomadas en el pasado van cobrando factura. En su primer año de gobierno, Claudia Sheinbaum deberá destinar más de un billón de pesos sólo para pagar intereses y el servicio de la deuda heredada de AMLO. Para hacer frente a esta carga, ha tenido que comenzar con recortes drásticos en sectores clave como salud y seguridad pública. La gran incógnita es si recibirá algún alivio financiero por parte del Banco de México para aminorar la presión, aunque no sería suficiente. De no recibir estos recursos, el desahorro y endeudamiento de AMLO marcarán la mayor parte del actual sexenio.