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Por: Alan López (@alanfabian07) y Sophie Bordat (@SophieBordat

¿Estaría dispuesto a que le revisaran su bolso antes de entrar al trabajo? ¿Le gustaría que lo trataran como un sospechoso cada vez que entra a un edificio público? Probablemente, a nadie de nosotros nos gustaría. Entonces, ¿por qué permitir que estas acciones afecten a nuestros niños y jóvenes?

Hace dos semanas, un estudiante de secundaria de Monterrey llevó una pistola a la escuela y, al entrar al salón de clases, disparó contra su maestra y algunos de sus compañeros. Posteriormente, se quitó la vida. Este suceso trágico ha colocado en el centro del debate público el problema de la violencia y la delincuencia que aqueja a los niños y jóvenes de nuestro país. Según datos de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia 2014, ese año, 46.4 por ciento de los jóvenes de 15 a 29 años fueron víctimas de algún delito o maltrato, mientras que 32.2 por ciento sufrieron acoso escolar. Ante esta situación, organizaciones de la sociedad civil y funcionarios públicos han promovido el regreso del Programa Escuela Segura o estrategias de escuelas militarizadas. El Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, afirmó que operativos como Mochila Segura, en el cual se revisan las pertenencias de los alumnos, “ayudan a inhibir la existencia de armas en los planteles escolares”.

No obstante, no existe ningún estudio público que demuestre que este tipo de programas tenga un verdadero impacto para reducir los actos de violencia y delincuencia[1]. Además, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha expresado su preocupación por la posible violación de los derechos de niños y adolescentes durante la implementación de estos operativos[2].

¿Qué estamos haciendo mal? Desde nuestro punto de vista, el problema es que los tomadores de decisión implementan soluciones “mágicas” o “ingeniosas”, sin conocer sus resultados a mediano y largo plazo. Sin embargo, existe evidencia empírica y robusta de que, en otros países y contextos, situaciones similares se han atendido eficazmente. Por ello, en México Evalúa revisamos algunas experiencias internacionales exitosas que pueden servir de guía para la formulación de programas que reduzcan actos de violencia y delincuencia entre los niños y jóvenes. A continuación, les presentamos tres ejemplos:

Para leer más, consulte la columna de México Evalúa en Animal Político aquí.

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