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Objetivo

Reducir el número de homicidios e índices delictivos en las zonas urbanas, mediante estrategias de disuasión focalizada dirigidas a un tipo o grupo de delincuentes: integrantes de pandillas, distribuidores de drogas o infractores violentos.   

 

Fundamento teórico

La teoría de la disuasión argumenta que se puede prevenir la delincuencia y la violencia cuando los infractores son conscientes que los costos de cometer algún delito son mayores que sus beneficios. Para ello, se emiten mensajes disuasivos que buscan cambiar la percepción de los delincuentes sobre el riego y las consecuencias de sus actos delictivos, haciendo explícito el tipo, la duración y la severidad de las sanciones legales. Por otro lado, se utilizan incentivos positivos dirigidos a mejorar la calidad de vida de los infractores, mediante el apoyo de la comunidad, la prestación de servicios sociales y la mejora de ofertas laborales. Estas acciones se refuerzan con la represión y el control de los infractores que continúan delinquiendo a pesar de las advertencias emitidas previamente.

 

Efectividad de la intervención

Se considera como práctica promisoria porque tiene una teoría de cambio, una metodología de intervención y efectos sobre los niveles de violencia y delincuencia. No obstante, hacen falta más evaluaciones rigurosas que permitan conocer el efecto real de cada programa, principalmente sobre su población objetivo.

 

Tipo de prevención

Comunitaria

 

Población objetivo

Secundaria (pandilleros, distribuidores de drogas) y terciaria (reincidentes).

 

Factores de riesgo que atiende

Comportamiento antisocial, falta de oportunidades laborales, rechazo social, ambiente de poca participación comunitaria.

 

¿Cómo se hace?

La Operación Alto al Fuego en Boston (Boston Operation Ceasfire) fue el primer programa en utilizar una estrategia de disuasión focalizada. Su objetivo era reducir los niveles de violencia y delincuencia cometidos, principalmente, por las pandillas de la ciudad. Este programa fue replicado en otras ciudades de Estados Unidos para atender el problema de pandillas, comercialización de drogas y reincidencia de los delincuentes violentos.

En general, la implementación de estrategias de disuasión focalizada incluye las siguientes etapas:

1. Identificar el problema de inseguridad que se pretende atender, por ejemplo:  homicidios cometidos por pandillas, comercialización de drogas o robos con violencia y armas de fuego.

2. Conformar un equipo de trabajo que incluya representantes del sistema de justicia, la policía local, organizaciones de la sociedad civil y la comunidad. En algunos casos, se utilizan informantes y agentes encubiertos para conocer más sobre la actividad delictiva y mejor a los delincuentes.

3. Realizar reuniones o foros con los infractores para explicarles detalladamente el tipo de consecuencias que generan cada uno de los delitos. La policía se encarga de contactar y hablar directamente con los infractores para que participen en las reuniones. Es importante que la amenaza de las sanciones sea cierta y clara para que tenga un efecto disuasivo. Se pueden utilizar ejemplos de delincuentes que han sido castigados y aprehendidos previamente. En algunos casos, la participación de lo comunidad es clave en esta etapa.

4. Brindar apoyo comunitario y canalizar a los infractores a los servicios sociales para que mejoren sus condiciones laborales, alimentarias, de vivienda, psicológicas.

5. Dar seguimiento puntual al progreso de cada uno de los infractores y verificar que no vuelvan a delinquir.

Estas fases son puntos de referencia para la instrumentación de la estrategia; cada programa puede variar según el tipo de problema y población que pretenda atender. No obstante, el objetivo es el mismo: persuadir a un tipo de infractores para que dejen de delinquir, mediante el uso de incentivos positivos y la emisión de mensajes certeros sobre las consecuencias de los delitos.

 

¿Quién lo implementa?

Policía local, instituciones públicas y asociaciones civiles

 

¿Cómo se evalúa?

Braga y Weisburd (2012) realizaron un meta-análisis para comparar los resultados de varios programas de disuasión focalizada. Los autores analizaron 11 evaluaciones: 10 cuasi-experimentales y 1 de asignación aleatoria. Los programas están focalizados de la siguiente manera: 8 para atender a integrantes de pandillas, 2 a distribuidores de drogas y 3 a reincidentes. Esta evaluación mide la fuerza y dirección de los resultados de cada programa y el efecto promedio de todos ellos. Los indicadores utilizados son los reportes de delitos, las llamadas de emergencia y el número de arrestos. Cabe destacar que la unidad de análisis de las evaluaciones varía según el tipo de programa: ciudades, colonias, sectores policiales o individuos.

Corsaro y Engel (2015) evaluaron el impacto del programa de disuasión focalizada de los integrantes de pandillas en Nueva Orleans. La primera etapa de la evaluación comparó la ciudad de Nueva Orleans con otras ciudades que tuvieron similares tasas de homicidios durante 30 años (1976-2005) y durante el periodo inmediato a la intervención (2008-2013). La segunda etapa analizó los cambios en los indicadores delictivos antes y después de la implementación del programa (2010-2014). Los indicadores utilizados fueron, por un lado, homicidios en general, homicidios por arma de fuego, homicidios perpetuados por algún pandillero y asaltos con arma de fuego. Por otro lado, se analizaron las estadísticas de delitos violentos y delitos contra la propiedad (robos a casa-habitación, robos de vehículos).

 

Resultados

De las 11 evaluaciones analizadas por Braga y Weisburd (2012), 10 reportan una notable reducción del crimen asociada a los programas de disuasión focalizada. No obstante, los autores recomiendan realizar más evaluaciones de asignación aleatoria que permitan conocer el impacto real de los programas, ya que los estudios cuasi-experimentales tienden a sobrestimar los resultados de una intervención. Además, la mayoría de las evaluaciones miden los efectos de los programas en unidades espaciales (ciudades, colonias, sectores policiales), cuando en realidad las intervenciones de disuasión focalizada atienden a un grupo pequeño de individuos en riesgo de delinquir: pandilleros, distribuidores de drogas y reincidentes.

Por su parte, la evaluación de Corsaro y Engel (2015) muestra una reducción entre 17% y 31% en la tasa de homicidios de Nuevo Orleans en relación con las demás ciudades analizadas. Además, una reducción de 18.6% de los homicidios en general, 16.2% de los asaltos con arma de fuego y 30.1% de los homicidios cometidos por algún integrante de las pandillas de la ciudad. Sin embargo, los autores señalan que no es posible saber si la reducción de los indicadores delictivos está asociada directamente a la disuasión, a las mejoras institucionales o la prestación de servicios sociales. Por esta razón, recomiendan realizar más evaluaciones que fortalezcan los hallazgos de esta investigación.

 

Fuentes de información

Braga, A. y D. Weisburd (2012). The Effects of Focused Deterrence Strategies on Crime: A Systematic Review and Meta-Analysis of the Empirical Evidence. Journal of Research in Crime and Delinquency. 49:3. 323-358.

Corsaro, N. y R. Engel (2015). Assesing the Impact of Focused Deterrence on Serious Violence in New Orleans. Criminology & Public Policy. 14:3, 1-35. Consultado en: https://nnscommunities.org/uploads/Corsaro_Engel_NOLA_Evaluation_The_Most_Challenging_of_Contexts_CPP_2015.pdf

 

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