Edna Jaime / El Financiero 

A veces, en el contexto de violencia que vive actualmente el país, puede resultar importante volver a hacer preguntas en apariencia elementales. Así, podríamos preguntar ¿cómo se pretende construir el futuro de un país, si las generaciones más jóvenes viven no solamente en un ambiente de violencia, sino también de pobreza?

En esta campaña electoral, la banalización de la violencia en México no sólo no parece tener fin, sino que sigue sin provocar reacciones y propuestas por parte de los equipos que pretenden gobernar el país.

Dentro de este panorama, uno de los temas más olvidados sigue siendo la política de prevención del delito, ángulo muerto de la política de seguridad pública del sexenio que se acaba. Y es abrumador el silencio de los candidatos respecto a la juventud del país que, a pesar de representar uno de cada tres votantes, parece haber desaparecido de los ejes de campaña.

Siguiendo este análisis, y según los últimos datos del Coneval, más de 20 millones de niños y jóvenes mexicanos viven en situación de pobreza. Dentro de estos, el 52% son niños y niñas entre 0 y 11 años, de los cuales el 9.7% vive en condiciones de pobreza extrema. Esta tasa se reduce al 7.8% para los adolescentes.

Si articulamos los temas de violencia con la juventud, podemos decir que los jóvenes entre 15-29 años representaron el 35.7% de las muertes violentas a nivel nacional entre 2013 y 2016, según datos del INEGI. Y que entre 2007 y 2017 se reportaron al menos 6 mil 800 niños y niñas desaparecidos (datos del Redim).

El equipo de México Evalúa ha analizado los temas de prevención del delito a lo largo del sexenio. Más allá de estadísticas, encontraron relatos desoladores de varios maestros de escuela que explicaban como los niños durante los recreos juegan al “levantón”, al “narco”, al “cartel contra los federales”, reproduciendo así las dinámicas y las prácticas de violencia que viven cotidianamente en su entorno. Y cuando los profesores les preguntan, ¿Qué quieren hacer de grande?, gran parte de los niños contestan “sicario” o “narco”.

Estos son los modelos de éxito y de futuro que tienen a la mano.

En 2015, ya habíamos alertado sobre la urgencia de seguir los esfuerzos en este ámbito. En un informe, pedimos que las políticas de prevención se enfocaran en la producción de resultados medibles y de evidencia para lograr diseñar diagnósticos y políticas de prevención del delito efectivas.

En efecto, una de las razones por las cuales las estrategias de prevención y de seguridad han fracasado hasta ahora es por falta de conocimiento, así como datos confiables y desagregados que permitan progresar en las respuestas que se aportan en términos de políticas públicas.

Los delitos y la criminalidad en México han evolucionado. Hoy, cubren realidades más complejas, actividades más diversas, dentro de más zonas del país. Por ello, una vez más lo repetimos: la próxima administración debe fortalecer los diagnósticos que permitan acercarse a las situaciones de violencia de cada territorio con un análisis fino que permita diseñar una nueva política de seguridad pública, y una nueva política criminal integral.

Esta deberá seguir cuatro pilares, que hemos identificado en nuestro libro “Léase, si quiere gobernar (en serio)”: 1) La prevención primaria, enfocada en educación, salud y desarrollo socioeconómico; 2) La prevención secundaria, basada en la atención de grupos vulnerables (los jóvenes de manera prioritaria), iniciativas de disuasión del delito, inteligencia criminal y participación ciudadana; 3) La reacción, es decir la capacidad de resolver, sancionar, y garantizar el acceso a la justicia; 4) finalmente, la implementación de modelos de reinserción social, que busquen minimizar los factores socioeconómicos que alimentan a la delincuencia.

Por otra parte, y yendo más allá de una concepción de la seguridad en términos de amenazas y con un enfoque punitivo, los diagnósticos deben enfocarse en fortalecer la seguridad ciudadana es decir en esquemas de protección de la población local, no únicamente en lógicas de golpes, operativos y enfrentamientos contra grupos armados.

En este ámbito, el trabajo realizado por México Evalúa acerca de PRONAPRED puede constituir una base de reflexión para el diseño de lineamientos concretos.

Porque un sexenio más de improvisación e indiferencia nos puede llevar a perder a toda una generación. Todavía podemos rescatarla.