Edna Jaime / El Financiero

En la antesala del primer debate entre los contendientes a la presidencia, considero que es prudente tomar distancia y pausar las emociones. Analizar las cosas como son y no caer en falacias o en inercias.

En el tema de la seguridad y la violencia, desafortunadamente, la realidad es mucho peor a la que aceptamos.

Para darle relieve a esta temática permítanme referirme a un caso concreto.

Como muchos recordarán, en los primeros días de abril el obispo de Chilpancingo-Chilapa, ocupó las noticias a partir de los hechos que relató: el obispo se reunió varias veces con las personas que fungen como autoridad en la región donde trabaja. Esto, para abrir un diálogo acerca de la violencia, pedir que se restableciera el suministro del agua y de la electricidad en un pueblo y que no asesinara a un sacerdote que había sido amenazado.

El comportamiento del obispo desató una serie de comentarios – casi unánimemente condenatorios. Cómo se atrevía.

El Obispo fue nombrado en agosto de 2015. Su predecesor renunció luego de que asesinaran a tres sacerdotes, y de que él mismo fuera víctima de un secuestro. Estos dos municipios son, según las cifras oficiales de 2017, el no 10 y no 21 más violentos del país.

Como lo habrán adivinado, quienes fungen como autoridad en la zona son grupos del narcotráfico. Esta autoridad de facto es la que gobierna en colusión o, al menos anuencia, de autoridades “formales” en distintos ámbitos de gobierno.

¿Y quién es el narco en Guerrero? Es la gente, respondió el obispo. “La mayoría de sacerdotes tratamos con ellos. Es imposible cerrar los ojos, todos nos conocemos.”

Esta es la realidad local que se quiere negar. El narco no es solamente el conjunto de organizaciones criminales poderosas, transnacionales, desafiantes del estado mexicano. El narco también “es la gente”.

La población local – incluyendo aquí las autoridades locales – conoce la situación, las tensiones, los arreglos y las problemáticas que acechan a sus territorios. Conoce los terrenos, las brechas y las sierras, claves en el control humano y territorial de los grupos criminales. Conoce los narcos y no le queda otra que lidiar con ellos, discutir con ellos, trabajar para ellos, adaptar su vida a las reglas que ponen ellos. Porque de esto depende su supervivencia.

Considero que aquí está la clave del cambio de paradigma en la estrategia de seguridad pública en México.

Si la gente “de abajo” conoce a los narcos y sabe perfectamente donde se encuentran, puede resultar difícil imaginar que no sea el caso de los gobiernos y de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, también es una realidad – y un desafío enorme – la falta de conocimiento local por parte del Gobierno federal. El punto aquí no es convertir a la ciudadanía en informantes o agentes de inteligencia local, sino emprender un cambio radical de paradigma en la definición de la estrategia de seguridad pública.

En este orden de ideas, la desaparición de las policías municipales agrava la pérdida del vínculo de las fuerzas públicas con los ciudadanos, así como su conocimiento fino de las dinámicas locales. Resulta imposible diseñar una estrategia de seguridad pública efectiva sin información que permitan entenderlas.

Lo que proponemos es un cambio dirigido a darle prioridad a la escala local de análisis, así como a la profesionalización y el empoderamiento de las policías locales, la coordinación entre los tres órdenes de gobierno, así como el fortalecimiento de las instituciones públicas de seguridad. También a que el Estado se haga presente. Estas comunidades en Guerrero han sido dejadas de la mano de Dios. Abandonadas por completo.

Se tiene que revertir el modelo que rige la seguridad pública desde Felipe Calderón: una crisis local provoca el llamado exprés por ayuda a la Federación, pidiendo intervención de las fuerzas federales, lo que conlleva a la desaparición de las policías municipales y del tejido de actuación local, el cual queda aniquilado cuando las fuerzas federales se retiran, como es la norma hasta ahora.

Por esto sería lamentable escuchar de los candidatos la letanía que llevamos escuchando por 12 años.

Si no tienen una propuesta seria en materia de seguridad, no le sirven a México.

Porque vista desde lejos, la realidad se puede negar. Ojalá que los candidatos decidan acercarse.