Edna Jaime / El Financiero

En un contexto nacional diferente del mexicano podría resultar muy extraño encontrar notas en prensa un 25 de diciembre  sobre el “Diagnóstico nacional sobre las policías preventivas de las entidades federativas” preparado por la Secretaría de Gobernación.

El gobierno federal quiso dejar debajo del arbolito de navidad una prueba de que, a pesar de estar rebasado por la crisis de seguridad pública,  sabe lo que está pasando en las instituciones de seguridad de las entidades de la República.

O quizás el informe – importantísimo, por cierto –  se divulgó el 25 de diciembre para asegurar  que pocos lo vieran o comentaran, dejando así clarísimo que la Secretaría de Gobernación fue perdiendo su peso institucional hasta el punto que un documento tan importante en el debate nacional se haya liberado a medios en un día tan simbólico, y tan inútil para el propósito de su difusión, como el de navidad.

El informe indica que el diagnóstico fue presentado el 3 de mayo de 2017, durante la Conferencia Nacional de Gobernadores. Con base en este diagnóstico se han hecho planes de trabajo con cada gobernador (a) y el Jefe de gobierno de la Ciudad de México. En este sentido, me permito hacer dos comentarios.

Primero, el trabajo es muy bueno, pero llega casi cinco años después del inicio del mandato presidencial. El diagnóstico presenta 10 indicadores. Por cada indicador plantea un estándar y el estatus en el que nos encontrábamos al momento del corte, octubre del 2017. Conociendo la discontinuidad en políticas e iniciativas ante cada cambio de administración, es posible que este esfuerzo, que efectivamente permite plantear una línea base y establecer metas concretas para el fotlecimiento policial, se archive o se deje en el olvido cuando la administración cambie, aun si parte de acuerdos asumidos en el seno del Consejo Nacional de Seguridad.

Segundo, resulta tristemente revelador que el informe vea la luz una vez que el debate sobre la Ley de Seguridad Interior ha terminado. Dicha discusión hubiera podido tener otra dimensión si este diagnóstico hubiera estado disponible. Es una radiografía de nuestras penurias en materia de instituciones civiles para la seguridad. La sustancia de un debate que no debemos obviar.

De hecho, los resultados del diagnóstico son alarmantes e iluminadores al mismo tiempo.

Primero, faltan 115,943 elementos de policías (el 50.86%)  para alcanzar el estándar mínimo de 1.8 policías por cada mil habitantes. Aunque en términos de seguridad la cantidad no implica la calidad, estamos aquí frente a una penuria insostenible.

Segundo, dentro de los 128,922 policías en activo, el 21.2 % no tiene evaluación aprobatoria vigente de los famosos “controles de confianza”, y el 6.9 % tiene resultados no aprobatorios. Más interesante aún, el 56,8 % no tiene la “Evaluación de Competencias Básicas” aprobada y vigente. Es decir, no cumplen con los requisitos básicos para ser policías. Es como llamar a un plomero para realizar una cirugía cardiaca: la intervención sería mortal.

Tercero, sólo 6 de las 39 “Academias e Institutos de formación policial” cuentan con los 12 rubros mínimos de infraestructura y equipamiento considerados en el estándar. Aunque parezca increíble, existen academias que no cuentan con stand de tiro.

Por último, si bien no menos importante, sólo 6 entidades federativas operan conforme a los seis “Protocolos mínimos de actuación policial” considerados en el indicador y en el estándar.

El error sería pensar que este diagnóstico ilustra una fatalidad o un olvido. Más bien deja ver claramente las orientaciones de seguridad tomadas por la administración actual, así como su apuesta – ciegamente renovada – a favor de las instituciones militares y en demérito de las instituciones civiles, a pesar de su falta continua de resultados.

Las policías locales, municipales y estatales, ya lo hemos dicho, deben ser una de las prioridades de la próxima estrategia de seguridad pública. No se puede contemplar una mejora de los niveles de seguridad en el país con policías en semejante estado.

Sin embargo, los diagnósticos sirven únicamente si se responde a ellos con remedios. Ojalá la próxima administración escuche a sus propias Secretarías cuando los elaboren y difundan.